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El profesor César Gaviria, comunicador social y periodista, magíster en Historia y doctor en Ciencias Sociales, analizó en Radio Universidad del Tolima las elecciones presidenciales de Brasil desde la comunicación política. Su lectura pone el foco en las creencias, las emociones, la religión, las redes sociales, la inteligencia artificial y la disputa geopolítica.
Redacción Simón González
Imagen principal: Extraída de CNN en español
La primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil dejó, según el contexto planteado durante la entrevista, una disputa entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, quienes avanzarían a una segunda vuelta prevista para el 25 de octubre. Más allá de los resultados electorales, la conversación abordó una pregunta de fondo: ¿cómo están cambiando las formas en que las personas deciden su voto?
¿La política se decide cada vez más desde las creencias y las emociones?
César Gaviria: La política es uno de esos asuntos que en la vida cotidiana no suele ser muy llamativo porque muchas veces se considera alejado de la vida de la gente. Sin embargo, tarde o temprano termina relacionándose con la vida personal y cotidiana de cada persona.
La política, como la religión, se mueve sobre creencias. El ideal de la democracia occidental está basado en la racionalidad del Estado moderno y del ciudadano que participa en política. En las últimas décadas, ese ideal ha entrado en crisis porque las creencias han tomado un lugar importante en las maneras de pensar y actuar políticamente.
Muchas decisiones políticas están más mediadas por lo que una persona cree sobre los candidatos, los partidos o las propuestas que por la racionalidad que existe detrás de una campaña.
Cuando hablamos de creencias hablamos de estereotipos y de ideas o preconcepciones sobre distintos asuntos de la vida humana. Pueden ser religiosas, políticas, económicas o incluso deportivas. Las creencias atraviesan muchos ámbitos de la vida.
Por eso aparece la emocionalidad en la votación. El voto no está determinado únicamente por la racionalidad.
¿Por qué la religión vuelve a ocupar un lugar importante en las elecciones?
César Gaviria: Lo ideal es que la religión no se meta en la política. La democracia occidental está basada sobre la idea de la racionalidad, lo que significa que los asuntos subjetivos deberían mantenerse al margen de los asuntos propiamente racionales, tanto como sea posible.
Pero esa separación entre religión y política ha entrado en crisis. Hoy existe una mayor cercanía entre lo político y lo religioso.
Puede haber quienes consideren que se está sobrevalorando el poder de la religión en los resultados políticos y que las personas también votan por razones relacionadas con su condición racial, económica, de género o con otros factores.
Mi posición es que la religión sí puede determinar cómo una persona vota y qué candidato recibe su favorabilidad.
¿Cómo entra esto en el caso brasileño?
César Gaviria: Brasil tiene una particularidad importante por la relación entre las creencias religiosas y la cultura política.
En esta elección aparece una discusión alrededor de la religión católica y de los sectores evangélicos. El catolicismo y el crecimiento de los sectores evangélicos representan dos fuerzas religiosas que tienen una presencia importante en la sociedad brasileña.
Las creencias religiosas pueden terminar relacionándose con la cultura política de cada país y, a partir de ahí, influir en los resultados electorales.
Esto también puede encontrarse, parcialmente, en Colombia, Perú y Chile.
¿Qué papel cumple el marketing político en este escenario?
César Gaviria: El marketing político tiene como uno de sus principios construir una campaña sobre cosas que ya se conocen y sobre asuntos que de alguna manera son indiscutibles.
Una campaña electoral no se hace para alfabetizar políticamente a nadie. La pedagogía política corresponde a procesos de largo plazo de los gobiernos y los partidos.
En una campaña electoral, estratégicamente, se trabaja sobre lo que ya existe. Una campaña se hace pensando en ganar. Nadie arma una campaña para perder.
Por eso una campaña parte de las plataformas y de la cultura política que ya están construidas. No se trata de reconfigurar la cultura política de un país durante cuatro o cinco meses.
¿Y qué cambia cuando esas campañas se trasladan a las redes sociales?
César Gaviria: Hay que entender que las herramientas digitales no hacen por sí mismas algo que los seres humanos no puedan hacer con ellas.
Pero también hay que mirar cómo están configuradas esas herramientas. Las redes sociales no son neutrales ni imparciales. Responden a órdenes, configuraciones y algoritmos construidos por seres humanos.
Puede ocurrir que un usuario común no tenga una intención política determinada cuando comparte una información. Sin embargo, la configuración de la red puede terminar inclinando la circulación de esa información hacia un lado o hacia otro.
Ahí aparece un elemento subjetivo y humano que no siempre es visible y que puede determinar cómo las informaciones que circulan en las redes favorecen o desfavorecen a un candidato o a un partido.
¿Qué lugar ocupan las emociones en una elección?
César Gaviria: La emocionalidad es parte de la naturaleza humana. No podemos negar que, además de lo racional, está lo emocional.
Existe una lectura que desprestigia las emociones y las presenta como productos degradados de la vida humana. Eso ha llevado a pensar que una política sin emociones es mejor que una política con emociones.
La derecha ha sabido entender que la emocionalidad y la racionalidad están relacionadas y ha utilizado las emociones como una herramienta dentro de las campañas electorales.
La izquierda no ha sabido leer completamente esa situación porque una parte importante de ella mantiene una perspectiva más racional, basada en argumentos y sustentos.
No está mal pensar las cosas con argumentos. El problema aparece cuando se desprecia la emoción. Emoción y razón son complementarias.
¿Qué significa esto para las campañas de Lula y Bolsonaro?
César Gaviria: Lo ocurrido en Brasil tiene elementos comunes con procesos electorales recientes de Colombia, Chile, Perú y otros países latinoamericanos.
Hay dos orillas políticas muy marcadas, incluso extremas en algunos aspectos, aunque cada país conserva diferencias propias de su cultura política.
En Brasil puede encontrarse una disputa entre un candidato que representa un sector progresista o de izquierda y un candidato de derecha que recoge una parte de las reclamaciones de los sectores conservadores de la sociedad.
También existe una conexión con sectores conservadores de ultraderecha a escala mundial que están buscando influir en distintos gobiernos.
¿Qué papel juega la inteligencia artificial en este nuevo escenario electoral?
César Gaviria: La inteligencia artificial necesariamente tiene que leerse en clave geopolítica.
Actualmente existe una carrera tecnológica entre China y Estados Unidos por alcanzar una inteligencia artificial cada vez más avanzada. Esa carrera también está relacionada con la búsqueda de minerales y recursos necesarios para sostener estas tecnologías.
En este escenario aparecen elementos como la manipulación de audios, imágenes, videos y las llamadas noticias falsas o procesos de desinformación.
Estamos hablando de un modelo de manipulación digital mucho más desarrollado y preciso.
¿Qué ocurre con la microsegmentación de los electores?
César Gaviria: Las encuestas previas a las elecciones están entrando en crisis porque pueden quedarse cortas al momento de evaluar cómo se mueve la opinión pública antes de una elección.
No digo que estén equivocadas completamente, pero pueden quedarse cortas en la lectura de lo que ocurre al interior de una sociedad.
Ahí aparece la pregunta por la segmentación de los consumos digitales.
Yo creo que el modelo de Cambridge Analytica, utilizado durante el Brexit de 2016, no murió cuando esa empresa fue liquidada. Ese modelo fue replicado y continúa presente en tendencias que se están desarrollando de manera soterrada en el mundo digital.
La diferencia es que ahora existen herramientas de inteligencia artificial que permiten manipular audios, imágenes y otros contenidos.
Estamos frente a un modelo mucho más preciso y microsegmentado.
¿Qué efecto tiene esto sobre la democracia?
César Gaviria: Cada vez las personas hablan menos en términos de presencialidad y confrontan menos cara a cara. Muchas interacciones quedan determinadas por lo que cada persona consume y por lo que el algoritmo le recomienda.
Si estamos más individualizados, fragmentados y separados unos de otros, se vuelve más difícil materializar los ideales modernos de racionalidad democrática.
La gente puede terminar tomando decisiones influenciada por las emociones que transmiten los algoritmos con los que está configurado su consumo digital.
¿Y qué tiene que ver todo esto con la geopolítica?
César Gaviria: Hay que tener en cuenta lo que se ha llamado la «Doctrina Monroe» y su actualización en el siglo XXI la «Doctrina Donroe» cómo lo expresó Donald Trump.
La disputa actual tiene relación con la influencia de Estados Unidos sobre América Latina, pero también con la carrera tecnológica entre las grandes potencias.
Los recursos naturales son fundamentales en esa disputa. Las llamadas tierras raras son importantes para diferentes desarrollos tecnológicos y, en este escenario, América Latina adquiere relevancia por sus recursos.
Lo que estamos viendo es una disputa entre grandes potencias por el control tecnológico, económico y geopolítico.
En esa carrera, quien llegue primero a una inteligencia artificial superior tendrá una posición privilegiada para establecer condiciones para el resto del planeta.
¿Qué deja entonces el caso brasileño para América Latina?
Más allá del resultado electoral, el análisis del profesor César Gaviria plantea que las elecciones brasileñas hacen visible una transformación más amplia de la comunicación política: las creencias, las emociones, las identidades religiosas, los algoritmos, la inteligencia artificial y la geopolítica están cada vez más conectados con la manera en que las sociedades toman decisiones políticas.
Para el profesor, entender las elecciones actuales exige mirar no solamente lo que ocurre en las urnas, sino también aquello que sucede antes: qué creen los electores, qué emociones movilizan sus decisiones, qué contenidos consumen y cómo las plataformas digitales organizan ese consumo.








