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Rock, indie y piano de jazz: Síndrome de París toca el domingo 25 de octubre, a las 3:30 p.m., en el Patio de Banderas. Empezaron a ensayar en marzo y ya tienen media hora de tarima por llenar.
Redacción por Saray Moreno
Fotografía Radio Universidad del Tolima
Hasta hoy, de Síndrome de París se conocen dos canciones: «Me gusta» y «Eternos», las mismas que mandaron a las audiciones del Ibagué Ciudad Rock. Con eso bastó para pasar. El domingo 25 de octubre tendrán que llenar media hora de tarima, y ya avisan que no todo lo que suene será conocido.
Los Parisinos, como se hacen llamar, son cinco amigos músicos: Óscar en la voz, José Ospina en el bajo, Cristian Monroy en el piano, Juan Diego en la guitarra y Mateo Castrillón en la batería. Pasaron por Radio Universidad del Tolima 106.9 FM a contar cómo se armó la banda, qué trae el show y qué significa Eternos.
Un nombre que es una burla
El nombre viene del síndrome de París, el golpe que se llevan algunos viajeros cuando la ciudad real no se parece a la que soñaron. Para Mateo, que traía la idea rondando hace rato, es «como una burla»: el choque entre lo que parece muy chévere y lo que de verdad es, y la sospecha de que uno a veces está mejor en casa.
Arroz con mango
Se definen como banda de rock, «en términos clásicos y de indie», pero con un pianista de jazz y ganas de «mezclar el arroz con mango e irrespetar lo que haya que irrespetar sin miedo». Para ellos la música funciona como el yoga o el deporte, un espacio para el espíritu: «aunque no vivamos de esto, vivimos para eso». Y como la mayoría empezó a ensayar juntos apenas en marzo, la banda tiene cara de proyecto nuevo y de amigos viejos al tiempo.
Sin iglesia, con ensayo
Para la audición mandaron primero un video y después pasaron a la presentación en vivo. Ese día se levantaron temprano, tomaron tinto y ensayaron, porque, dicen, «no tenemos iglesia, pero tenemos Síndrome de París». Del jurado les tocó, de frente y a dos metros, la cantante de Kraken. Su cantante, que toda la vida fue guitarrista, decidió no cantar para impresionar: «este tema es para disfrutarlo». Ni escalas de virtuoso ni nervios de más.
Media hora para sorprender
La audición eran dos canciones. El ICR es media hora, así que desempolvaron material de años y armaron un show con energía y también con pausas: «para reflexionar, para pensar, darse un beso con la pareja». Su apuesta es la sorpresa: que una canción pueda empezar «como la balada más rosa» y «un momento a otro» se vuelva «el rock más pesado», hasta que la gente «no sepa ni qué pasó». Algunos temas nuevos ya sonaron en Loft el fin de semana pasado, con buena recepción.
Eternos, o por qué la vida es ahora
«Eternos» la escribió uno de ellos hace un año, después de, según cuenta, muchas tusas. Parte de una idea que recuerda de Gustavo Cerati: cuando uno se jura amor para siempre, el para siempre no existe, y la eternidad es el hoy. De ahí el mensaje de la banda: «la vida es ahora, es ya». La canción se grabó en casa, con computador e interfaz y filosofía de «hazlo tú mismo», y hay una aclaración de la banda: «100% humano». Ahora es el ensayo, dicen, y en dos años «ojalá sea un Glastonbury, un Estéreo Picnic».
Un buen momento para sonar distinto
Después de años de industria dominada por un solo sonido, la banda siente que hoy el público está más abierto a otras cosas: indie, rock, hardcore, reggae. Citan como ejemplo a Medved, que «está tocando un montón de puertas». Su deseo es que el ICR sea «una catapulta y una ventana muy grande», y que Síndrome de París no se quede en una banda de un solo festival: «va pa’ largo».
Y su invitación al público que escuche esto en el tráfico o en la casa es sencilla: «lo más lindo de un festival es ir a escuchar y a descubrir». Ellos, además, tocan el mismo día que Los Pericos.








