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El manejo de los residuos sólidos se ha convertido en uno de los desafíos ambientales más visibles en Ibagué. Bolsas acumuladas en esquinas, desechos en quebradas y tensiones alrededor del relleno sanitario no son solo un problema estético: son una alerta sobre la forma en que habitamos el territorio.
Pero más allá de la disposición final de las basuras, la discusión de fondo es cultural. ¿Qué entendemos por residuo? ¿Qué ocurre después de que la bolsa sale de nuestra casa? ¿Quién es responsable?
Para la documentalista y educadora ambiental Ángela Echeverry, el problema no comienza en el relleno sanitario, sino en el modelo con el que medimos el “éxito” de la gestión de residuos.
“El éxito de una empresa no se puede medir en la cantidad de residuos que van al relleno. Eso está generando otro problema ambiental de espacio, de contaminación del suelo, del aire y del agua. El proceso debe pasar de acumular basura a aprovechar residuos”.
De la cultura del desperdicio a la economía circular
En Colombia, la mayor parte de los residuos sólidos urbanos termina en rellenos sanitarios. Allí, especialmente los residuos orgánicos, producen metano, uno de los gases de efecto invernadero con mayor capacidad de calentamiento, aunque de vida relativamente corta en la atmósfera. Reducir su emisión puede tener efectos climáticos visibles en menor tiempo.
Sin embargo, gran parte de esos residuos son aprovechables.
“Es una cultura del desperdicio que premia la producción de basura”, explica Echeverry. “Cuando realmente se están desperdiciando residuos orgánicos, reciclables y reaprovechables”.
El cambio, plantea, no es solo técnico sino estructural: implica separación responsable en los hogares, recolección diferenciada y transformación o comercialización de los materiales recuperados. Es decir, un tránsito hacia la economía circular, donde los residuos vuelven a entrar al ciclo productivo.
Ibagué como bioterritorio
Desde esta perspectiva surge el concepto de “bioterritorio”: entender la ciudad no solo como un espacio urbano, sino como un territorio vivo donde interactúan ecosistemas, cultura, economía y comunidad.
El manejo inadecuado de residuos impacta directamente la salud pública —presencia de vectores como ratas y moscas, contaminación de fuentes hídricas, afectación del aire— pero también afecta la relación simbólica y cultural con el entorno.
“Tenemos que mirar nuestras ciudades como el territorio donde se desarrolla nuestra vida y la biodiversidad urbana. La cultura no está desligada de la naturaleza”, afirma.
La discusión sobre residuos sólidos, entonces, no se limita a la limpieza de calles: toca dimensiones de biosalud, bioética y biopolítica. ¿Qué responsabilidad tenemos como ciudadanos? ¿Qué decisiones tomamos colectivamente frente a la crisis climática?

Pacas biodigestoras: una acción concreta
En medio de este panorama, han surgido procesos comunitarios que buscan intervenir desde lo local. Uno de ellos es el movimiento Paqueros Ibagué, que promueve la elaboración de pacas biodigestoras: sistemas que permiten transformar residuos orgánicos en abono mediante compactación y descomposición controlada.
El objetivo es simple pero potente: evitar que los residuos orgánicos lleguen al relleno sanitario.
“Solo el hecho de evitar que los residuos orgánicos vayan a los rellenos disminuye las emisiones de metano. Si dejas de producirlo, el efecto se siente rápidamente”, explica Echeverry.
Las pacas se han implementado en distintos puntos de la ciudad, en barrios, universidades y comunidades rurales. Más allá del componente técnico, el proceso ha demostrado un impacto social significativo.
Donde se instala una paca, también se genera encuentro: familias, niños, adultos mayores y vecinos se reúnen, conversan, comparten alimentos y reconstruyen vínculos comunitarios.
“Se rescata algo que el modelo individualista nos ha quitado: la capacidad de estar en comunidad”, señala.

Celebrando la primera paca en el barrio Arkambuco, en febrero del 2026.
Para conocer las próximas jornadas de paqueo, procesos comunitarios y materiales pedagógicos, puede seguir al colectivo en Instagram:
https://www.instagram.com/paquerxsibague/
Educación ambiental como construcción de ciudadanía
El trabajo alrededor de los residuos sólidos no se plantea únicamente como una solución ambiental, sino como un proceso pedagógico. Talleres, encuentros y espacios de formación han buscado conectar el problema global del cambio climático con las decisiones cotidianas.
En este contexto, la iniciativa CAM-BIOS —Comunidad de Aprendizaje Ambiental para la Biodiversidad y la Sostenibilidad— articula universidades, espacios culturales y actores territoriales para promover procesos de formación en valores biociudadanos. Su propuesta se estructura en cinco ejes: bioterritorio, que invita a comprender la ciudad como un ecosistema vivo; biosalud, que relaciona ambiente y salud pública; bioética, que interpela la responsabilidad individual y colectiva; biopolítica, que reconoce el papel ciudadano en la toma de decisiones; y bioeconomía, orientada hacia la economía circular y el aprovechamiento de residuos.
La apuesta no es moralizar ni señalar culpables, sino construir conciencia colectiva.
“Sí podemos hacer frente al cambio climático como individuos. Lo que tú haces sí importa. Tenemos que soñar con que es posible. Si dejamos de soñar, no vamos a lograr nada”.
En un contexto donde la desesperanza frente a la crisis climática crece, especialmente entre jóvenes, estas iniciativas buscan demostrar que la acción local tiene impacto real y que el cuidado ambiental se construye a partir de acuerdos de voluntad entre individuos y comunidades.

De izquierda a derecha: María Victoria Vila, directora del Mariposario del Tolima; Patricia Izquierdo, rectora de la Universidad Cooperativa; Carolina Tovar, rectora de Uniminuto Centro Sur; Jonh Jairo Méndez, ex vicerrector de Investigación de la Universidad del Tolima; Felipe Pino, profesor de Uniminuto Centro Sur; Fausto Dueñas, profesor de la UCC; Jorge García, profesor de la Universidad de Ibagué (todas entidades que conforman la Iniciativa CAM-BIOS), y Ángela Echeverry, del Comité Académico de la misma.

Un cambio que empieza en casa
El manejo de residuos sólidos no es un asunto exclusivo de empresas o autoridades. Cada ciudadano participa diariamente en el problema y, por lo tanto, puede participar en la solución.
Separar adecuadamente en casa, informarse sobre alternativas de aprovechamiento y sumarse a procesos comunitarios son pasos concretos hacia un modelo diferente.
El reto para Ibagué no es solo mejorar la disposición final de las basuras, sino transformar la cultura que las produce. Pasar de hablar de “basura” a hablar de “recursos”. De la acumulación al aprovechamiento. De la resignación a la acción colectiva.
Porque, como insiste Echeverry, el territorio no es un escenario ajeno: es el espacio donde se desarrolla la vida.
Redacción por: Saray Moreno
Imagen principal tomada de: @paquerxsibagué








