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En Ibagué hay tres grupos de Narcóticos Anónimos que reciben, gratis y sin hacer preguntas, a cualquiera que sienta que el alcohol o las drogas dejaron de ser una elección. Saúl y Alejandro, dos de sus miembros, hablaron esta semana con Radio Universidad del Tolima sobre cómo se reconoce el problema, qué pasa la primera vez que alguien cruza esa puerta, y dónde encontrarlos.

Hay una canción de Ismael Miranda, de 1987, que suena en las fiestas de Ibagué casi tanto como en cualquier otra ciudad: forma parte de un álbum que él mismo tituló Por el buen camino y que habla, con ritmo de salsa, del consumo de sustancias. La contradicción es conocida: una canción sobre el dolor de la adicción que la gente baila mientras bebe, porque el alcohol es, de las drogas, la más tolerada y la más temprano aprendida. Esa paradoja abrió la conversación que Radio Universidad del Tolima tuvo esta semana con Saúl y Alejandro, de Narcóticos Anónimos en Ibagué.

Narcóticos Anónimos (NA) no recibe solo a personas con problemas de drogas ilícitas. «El alcohol es una droga tolerada y aceptada por la sociedad», dice Saúl, uno de los dos invitados. Por eso, explican, a las salas de NA también llegan personas cuyo único consumo problemático es el licor.

¿Cómo se sabe que ya es un problema?

Saúl describe el patrón con el que suele empezar: alguien sale a tomar cada ocho o quince días, sin verlo como un problema, hasta que sin darse cuenta ese consumo se vuelve semanal, luego entre semana, luego diario. «Es crónica, progresiva», dice sobre la enfermedad, retomando una descripción que Narcóticos Anónimos usa para explicarla y que atribuyen a la Organización Mundial de la Salud: una condición que no tiene cura conocida, solo se controla, un día a la vez, compartiendo la experiencia con otros adictos.

Alejandro, que en la conversación habla también desde su formación profesional, insiste en un punto: no importa cuál sea la sustancia. «Es una enfermedad de autodiagnóstico: solo la persona que la padece puede determinar si tiene o no el problema.» Nadie más puede decidirlo por otro.

Sobre los más jóvenes, Alejandro es específico: le preocupa el consumo acelerado de sustancias como el tusi entre adolescentes de la ciudad, por dos razones que combina como «una fórmula explosiva». La primera es biológica: a esas edades el cerebro todavía no dimensiona bien las consecuencias. La segunda es que es una droga que se prepara sin ningún control sobre lo que realmente contiene, lo que hace que la dependencia llegue rápido y con fuerza. Es, dice, uno de los motivos por los que más gente joven está llegando hoy a las salas de NA en Ibagué.

¿Qué encuentra alguien que llega por primera vez?

Ni consejos ni sermones. «Le damos sugerencias, no consejos: el que da consejo ahuyenta», dice Saúl. A quien entra por primera vez lo reciben con café, aromática o algo de comer, y lo tratan como la persona más importante de la reunión. La premisa de fondo: nadie ahí puede ayudar a otro mejor que alguien que pasó por lo mismo.

Uno de los mitos que Saúl y Alejandro quieren desmontar es la idea de que hay que «tocar fondo» en el sentido de perderlo todo, terminar en la calle, para buscar ayuda. En las salas de NA, dicen, hay gente que tocó fondo en un penthouse, en su propia empresa, en la universidad, en la cárcel. La adicción no distingue estratos.

Dónde y cuándo

Narcóticos Anónimos tiene tres grupos activos en Ibagué. La atención es gratuita, anónima y confidencial, y nadie está obligado a nada.

  • Grupo Solo por Hoy: sobre la Avenida El Papayo, cerca del Hotel Estelar (la referencia que dan es «cinco casas antes de Colchones Guinness»). Reúne lunes, miércoles y viernes, de 7:00 a 8:30 p.m.
  • Grupo Vivir Limpios: Calle 15 con Carrera 8. Reúne todos los días de 7:00 a 8:30 p.m., y además de lunes a viernes al mediodía (12:00 a 1:30 p.m.) y sábados de 1:30 a 2:00 p.m.
  • Grupo Nunca Más Solos: junto al CAI de La Pola, al lado de la biblioteca Luis A. Flores. Reúne martes y jueves de 7:00 a 8:30 p.m.; los domingos tienen un espacio adicional de oración y meditación, abierto a quien quiera participar aunque no sea religioso.

Línea de información: 322 331 0834.

Un dato que Saúl y Alejandro compartieron desde un folleto propio de la confraternidad, actualizado a 2025: el tiempo promedio de sobriedad entre sus miembros activos es de 13.7 años.

El cierre

A quien está escuchando esto y todavía no ha dado el primer paso, o a quien tiene cerca a alguien que lo necesita, Saúl no promete demasiado y no promete poco: «La única promesa de este programa es que cualquier adicto, por muy adicto que sea, puede dejar de consumir. Esa idea fija desaparece, y encuentra una nueva forma de vida, útil y feliz.»

Redacción por Saray Moreno.