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En el Día Mundial del Hábitat, la Universidad del Tolima pone sobre la mesa una discusión que va más allá de los metros cuadrados: una vivienda adecuada debe responder al territorio, a las necesidades de quienes la habitan y a la ciudad que la rodea. En Ibagué, la expansión de proyectos de vivienda social hacia las periferias plantea nuevos desafíos de planificación, movilidad, servicios y calidad de vida.

Una vivienda puede tener paredes, techo, habitaciones y servicios básicos, pero eso no necesariamente significa que sea una vivienda adecuada.

La discusión cobra especial importancia este 5 de octubre, cuando las Naciones Unidas conmemoran el Día Mundial del Hábitat, una fecha que en 2026 está dedicada al derecho a una “vivienda adecuada para todas las personas”. La ONU señala que este derecho está relacionado no solamente con disponer de un techo, sino también con contar con barrios bien planificados, servicios, seguridad, sostenibilidad y opciones de vivienda que respondan a diferentes necesidades.

Desde la Universidad del Tolima, el profesor Ángel Castañeda, de la Facultad de Ciencias del Hábitat, Diseño e Infraestructura, propone mirar la vivienda desde una perspectiva mucho más amplia.

Su punto de partida es contundente: gran parte del espacio construido de las ciudades corresponde a vivienda y, por eso, entender cómo se construye, dónde se construye y para quién se construye resulta fundamental.

Lo básico no debería ser el máximo

Para Castañeda, uno de los problemas está en que los estándares mínimos de vivienda pueden terminar convirtiéndose, en la práctica, en el máximo que se ofrece.

La discusión, por eso, no debería limitarse a cuántos metros cuadrados tiene una vivienda o cuántas habitaciones incluye, sino a qué condiciones de habitabilidad ofrece y cómo responde a las personas que van a vivir allí.

“Lo básico tiene que ser el punto de arranque y tenemos que construir más y mejor y la vivienda lo requiere”, explicó el docente durante una conversación con Radio Universidad del Tolima.

Esa mirada también cuestiona la idea de construir viviendas bajo un único modelo. Una familia puede tener dinámicas completamente diferentes a otra y las condiciones ambientales, culturales y territoriales también cambian de una región a otra.

Por eso, dice el investigador, una vivienda no puede pensarse como un producto estandarizado.

La casa no es un celular ni un carro

Uno de los planteamientos centrales del profesor Castañeda es que la vivienda, especialmente cuando se habla de vivienda social, debería construirse teniendo en cuenta a las comunidades que la van a habitar.

“La vivienda no debería ser entregada como producto, no es un celular, no es un carro, es algo muchísimo más complejo que un mero producto”, señaló.

La propuesta implica invertir la manera tradicional de pensar el diseño: primero escuchar a las comunidades, comprender sus necesidades y después construir a partir de ese conocimiento.

Esto resulta especialmente importante en un país como Colombia, donde las condiciones climáticas, culturales y territoriales son diversas.

Una vivienda ubicada en una zona costera, por ejemplo, no necesariamente debería responder a los mismos criterios que una vivienda rural en el Cauca o una solución habitacional construida en una ciudad como Ibagué.

Habitar también tiene que ver con la salud mental

El concepto de vivienda adecuada también atraviesa un aspecto que pocas veces aparece en las discusiones sobre construcción: la salud mental.

La distribución de los espacios, la iluminación, las ventanas, las condiciones bioclimáticas y la relación de la vivienda con su entorno pueden influir en la manera en que las personas viven su hogar.

Para Castañeda, la vivienda debería adaptarse a las necesidades de quienes la habitan y no obligar a las personas a adaptarse a un único modelo.

La posibilidad de tener diferentes tipologías de vivienda, con alternativas que respondan a las preferencias y necesidades de las familias, también hace parte de esa discusión.

“Nuestra vivienda sea la que se adapte a nuestras necesidades y no al contrario”, sostuvo el docente.

En otras palabras, hablar de vivienda adecuada también significa hablar de bienestar.

Ibagué y el desafío de crecer sin expulsar a sus habitantes

La discusión toma un carácter particular cuando se observa lo que está ocurriendo en Ibagué.

El crecimiento de proyectos de vivienda de interés social y prioritaria hacia sectores periféricos plantea, según el análisis del profesor, preguntas sobre el acceso a transporte, educación, salud y otros equipamientos urbanos.

Entre los sectores mencionados durante la conversación estuvieron Picaleña y El Salado, como ejemplos de zonas hacia las cuales se ha extendido la ciudad.

El problema, explica Castañeda, no es solamente construir nuevas viviendas, sino decidir dónde se construyen y qué ciudad se está produciendo alrededor de ellas.

Cuando la vivienda se ubica lejos de los servicios y oportunidades urbanas, una solución habitacional puede terminar generando nuevas dificultades para quienes la ocupan.

“Estamos desplazando justamente la vivienda de interés social y prioritaria, justamente esa vivienda de las personas que tienen más, tal vez más, son más vulnerables, tienen más carencia, los estamos desplazando a lugares donde realmente no deberíamos”, afirmó.

¿Más viviendas o mejores barrios?

Una de las preguntas que plantea esta conversación es si la solución al déficit habitacional necesariamente consiste en construir cada vez más viviendas nuevas.

Para el profesor Castañeda, Colombia también enfrenta un problema de déficit cualitativo: personas que ya tienen una vivienda, incluso propia, pero que viven en condiciones que no son adecuadas.

Esto abre otra posibilidad: mejorar las viviendas y los barrios que ya existen.

El docente puso como ejemplo algunas experiencias de Medellín en las que se ha trabajado sobre barrios existentes en lugar de concentrar todos los esfuerzos en crear nuevos sectores urbanos.

La idea es aprovechar mejor la ciudad que ya existe, intervenir sus vacíos urbanos y mejorar barrios que requieren infraestructura y condiciones adecuadas de habitabilidad.

En Ibagué, señaló, existen lotes sin desarrollar dentro de la ciudad que podrían convertirse en oportunidades para una planificación más compacta.

La academia frente al territorio

Para la Universidad del Tolima, esta discusión también representa una oportunidad para mostrar el papel que puede cumplir la academia frente a los problemas urbanos.

La Facultad de Ciencias del Hábitat, Diseño e Infraestructura reúne áreas como ingeniería, arquitectura, modelación, levantamientos topográficos y urbanismo, con una apuesta por integrar diferentes conocimientos para comprender el territorio.

Castañeda resume esa perspectiva en una expresión: “complejizar el territorio”.

Esto significa entender que una ciudad no puede analizarse solamente desde sus edificios. También están presentes las condiciones ambientales, sociales, culturales, económicas, técnicas y urbanísticas.

Desde allí, la Facultad trabaja en líneas relacionadas con el mejoramiento de barrios, urbanismo y comprensión técnica, científica y sociocultural del territorio.

El hábitat no termina en la puerta de la casa

Quizás la principal conclusión de esta conversación es que hábitat no significa únicamente vivienda.

Una persona no habita solamente los metros cuadrados de su casa. También habita una calle, un barrio, una ciudad y un territorio.

Por eso, en este Día Mundial del Hábitat, la reflexión desde la Universidad del Tolima apunta a ampliar la mirada: garantizar una vivienda adecuada implica pensar también en el acceso a servicios, transporte, espacios urbanos, condiciones ambientales, seguridad, bienestar y posibilidades reales de desarrollar una vida digna.

Como lo explicó el profesor Castañeda al cerrar la conversación, “el hábitat no solo es nuestro espacio interno. No es solo nuestro apartamento. Nuestra casa es nuestra ciudad”.

El desafío, entonces, no consiste únicamente en construir más casas. Consiste en construir mejores lugares para vivir.

Y esa diferencia puede definir el futuro de ciudades como Ibagué.

Redacción Simón González

Imagen principal: suministrada