Tabla de contenidos
Después de graduarse como biólogo de la Universidad del Tolima en 2005, Jorge Astwood se fue a trabajar a Villavicencio. Más de una década después regresó a su alma mater, esta vez como profesor de la Universidad de los Llanos y acompañado por sus propios estudiantes. Encontró una universidad mucho más grande que la que dejó, pero también el mismo vínculo que, dice, permanece en quienes alguna vez pasaron por sus aulas.
Hay regresos que no necesitan demasiadas explicaciones. Basta con volver a caminar por los mismos lugares para darse cuenta de cuánto ha cambiado el tiempo.
Eso le ocurrió a Jorge Astwood, biólogo egresado de la Universidad del Tolima, quien después de terminar su carrera en 2005 se fue a Villavicencio y durante cerca de diez años dejó de visitar la universidad en la que se formó.
Hoy es profesor de tiempo completo de la Universidad de los Llanos, donde tiene a su cargo, entre otras responsabilidades, el curso de Fisiología Animal. Desde hace aproximadamente tres años comenzó a traer a sus estudiantes hasta Ibagué para que conozcan laboratorios, metodologías y espacios especializados relacionados con esta área de la biología.
Y así, casi sin proponérselo, volvió a la casa donde comenzó su propia historia como científico.
“Uno cuando es egresado de la Universidad del Tolima como que queda con ese lazo”.
Ese vínculo también está hecho de personas. Astwood recuerda especialmente a quienes fueron sus profesores durante el pregrado y habla de ellos como referentes que todavía reconoce y recuerda con cariño.
Entre ellos menciona al profesor Gustavo Adolfo Vallejo, a quien tuvo como docente de Biología Molecular y a quien describe como una de las grandes figuras académicas que marcaron su formación.
Por eso, cuando tuvo la posibilidad de llevar a sus estudiantes a conocer espacios especializados en fisiología animal, pensó en la Universidad del Tolima.
Volver y encontrarse con otra universidad
Cuando Jorge Astwood regresó después de tantos años, la sorpresa fue grande.
Él había conocido una universidad que todavía estaba creciendo. Recuerda haber visto la construcción de los bloques 31 y 32, el edificio del IDEAD y el bloque de laboratorios. También recuerda el herbario donde desarrolló parte importante de su trabajo de grado.
Pero el lugar que encontró años después era otro.
“Cuando yo llegué y vi el herbario… yo quedé boquiabierto”.
El herbario que recuerda de su época de estudiante era un espacio pequeño, sin aire acondicionado y con ventilación a través de las ventanas. A su regreso encontró nuevas instalaciones climatizadas, sistemas de almacenamiento diferentes y un espacio que, para él, representa el crecimiento de la universidad.
También encontró laboratorios que ahora están destinados a grupos de investigación, una colección de fauna mucho más grande y una infraestructura que, asegura, lo sorprendió positivamente.
Después de haber seguido desde lejos los momentos difíciles que atravesó la Universidad del Tolima años atrás, volver y encontrarla fortalecida tuvo un significado especial.
“Llego aquí y me doy cuenta que la universidad va para adelante. Impresionante. Y el programa de Biología es un cañón”.
Por eso sus visitas no parecen ser las últimas. Sus estudiantes continúan llegando a Ibagué para conocer espacios y experiencias que complementan su formación en la Universidad de los Llanos.
De la fisiología animal a entender la vida
La asignatura que enseña Jorge Astwood puede sonar distante para quienes no estudian biología: fisiología animal.
Pero para él, detrás de ese nombre hay una pregunta fundamental: ¿cómo funciona la vida?
La fisiología estudia el funcionamiento de las estructuras y sistemas de los organismos. En el caso de los animales, permite comprender procesos relacionados con la temperatura, la hidratación, la humedad, los ciclos diarios y nocturnos, las migraciones e incluso el comportamiento.
Astwood lo explica de una manera sencilla: es una especie de “mecánica biológica”.
La disciplina también resulta fundamental para otras áreas, como la medicina veterinaria, porque comprender qué ocurre cuando un organismo deja de funcionar correctamente es parte esencial de entender las enfermedades y sus manifestaciones.
Pero la fisiología no se queda en el laboratorio.
Con el desarrollo de la ecofisiología, la pregunta comenzó a ampliarse: ya no se trata solamente de saber cómo funciona un organismo, sino de comprender cómo lo hace dentro de su ambiente y cómo responde a las transformaciones de ese entorno.
Contaminación, cambios en las coberturas, sustancias tóxicas y modificaciones del hábitat hacen parte de un escenario en el que conocer la respuesta de los organismos se vuelve cada vez más importante.
Una conversación que terminó hablando de Platón
La entrevista en Radio Universidad del Tolima comenzó hablando de fisiología animal y terminó en un terreno mucho más amplio: la filosofía, la ciencia y nuestra relación con la naturaleza.
Astwood es crítico de algunas de las formas actuales de hablar sobre conservación de la biodiversidad, especialmente cuando la naturaleza es presentada únicamente desde una perspectiva comercial o utilitarista.
Su planteamiento parte de una idea sencilla, pero profunda: no basta con hablar de proteger la naturaleza si seguimos entendiendo al ser humano como algo separado de ella.
“La naturaleza no hace parte de un mundo físico que está ahí para que nosotros lo utilicemos como un objeto y como un recurso. Es parte de nosotros”.
Para el profesor, esa transformación también debe pasar por la manera en que se piensa la ciencia.
Las ciencias, dice, no son buenas o malas por sí mismas. Pueden utilizarse para construir, recuperar o destruir. Lo que determina su uso es la manera en que las personas las piensan y las ponen al servicio de determinados propósitos.
Por eso su invitación, especialmente a quienes están comenzando una carrera científica, no es únicamente estudiar más, sino cuestionar cómo se está haciendo ciencia y para qué se está haciendo.
“Tenemos que sacudir la cabeza y preguntarnos en serio: ¿vamos a seguir haciendo esto como lo estamos haciendo porque vamos mal?”.
El regreso de un estudiante convertido en profesor
Hay algo particularmente simbólico en la visita de Jorge Astwood a la Universidad del Tolima.
El estudiante que llegó a Ibagué porque su madre, licenciada en Enfermería de la Universidad Nacional, había ganado un concurso docente en la Universidad del Tolima, terminó convirtiéndose en biólogo, profesor y formador de nuevas generaciones.
Su historia comenzó en esta universidad y hoy continúa en los Llanos, desde donde regresa acompañado por otros jóvenes que también están descubriendo la biología.
En esta ocasión no volvió únicamente para recordar los laboratorios, los profesores o el herbario en el que hizo su trabajo de grado.
Volvió para mostrarles a sus estudiantes una parte de la historia que también ayudó a construir.
Y quizá por eso su relación con la Universidad del Tolima sigue siendo difícil de explicar únicamente como la de un egresado con su antigua institución.
Es, como él mismo lo describe, un lazo que permanece.
Redacción Simón González
Imagen principal: suministrada








