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En la marcha del 8 de marzo en Ibagué, las consignas no solo piden igualdad, piden supervivencia.
Entre el recuerdo de feminicidios como los de Diana Carrero y Sharit Alexandra Ciro Parra,
y la indignación por agresores que siguen libres, una nueva generación de niñas y adolescentes camina por la carrera Quinta con una consigna clara: no quieren ser las próximas.

Las mujeres exigen. Fotografía Paula Tafur – Marcha 8M Ibagué, Tolima.

En medio de los tambores, las consignas y los carteles morados, hay algo que llama especialmente la atención en la marcha del 8M en Ibagué: muchas de las que caminan por la carrera Quinta no superan los veinte años.

Algunas son adolescentes. Otras apenas niñas.

A varias les pregunto lo mismo: ¿por qué marchas hoy?

La respuesta, aunque con pequeñas variaciones, tiene el mismo fondo:

—Para poder estar vivas.

Mujeres jóvenes. Estudiantes, hermanas, hijas, novias, trabajadoras, activistas. No importa cuál sea su oficio o su historia: muchas de ellas están en la calle porque temen que la violencia que ha marcado a otras mujeres de la ciudad también pueda alcanzarlas.

Y también para exigir justicia por las que ya no están.

En varios de los carteles y en muchas de las respuestas aparecen nombres propios.

Uno de ellos es el de Diana Carrero, enfermera y madre de 45 años asesinada en diciembre de 2024. Por el caso fue imputado su pareja, Diego Estrada, señalado por la Fiscalía como presunto responsable del feminicidio.

Otro nombre que aparece una y otra vez durante la movilización es el de Sharit Alexandra Ciro Parra, estudiante de Artes Plásticas de la Universidad del Tolima. Su feminicidio ocurrió un 7 de marzo de 2025. Meses después, Brandon Archila y Santiago Hurtado fueron presentados ante la Fiscalía como presuntos responsables del crimen.

Pero hay un dato que atraviesa los carteles, las consignas y la rabia que se escucha en la marcha: los tres procesados están en libertad por vencimiento de términos.

Impunidad. Fotografía de Paula Tafur – Radio Universidad del Tolima.

Mientras la movilización avanza, algunas jóvenes lo dicen con una mezcla de frustración y miedo: ¿cómo sentirse seguras si los acusados de feminicidio siguen libres y las mujeres siguen marchando para no ser las próximas?

5:30 de la tarde. La marcha continúa hasta llegar a la calle 19.

Frente a la parroquia Nuestra Señora del Carmen ocurre algo que muchas de ellas dicen conocer demasiado bien.

Un trabajador de una obra sobre la carrera Quinta empieza a tocarse el pantalón y a apretar sus genitales frente a las manifestantes. Varias jóvenes se acercan a increparlo. El hombre responde golpeando el suelo con un martillo. Los escombros saltan hacia la calle. Luego lanza puños contra algunas de ellas y alcanza a golpear a varias.

La marcha no se detiene.

Las mismas jóvenes que minutos antes gritaban los nombres de Diana y Sharit siguen avanzando entre consignas.

Marchan para exigir justicia.

Y también —como dijeron varias de ellas— para poder seguir vivas.

Redacción por: Saray Moreno.

Fotos: Paula Tafur.