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Durante la última década, la transformación de la Universidad del Tolima también puede leerse en sus espacios. Aulas renovadas, nuevos escenarios para la ciencia, el deporte y la cultura, infraestructura para el bienestar y proyectos que amplían la presencia institucional en el territorio hacen parte de un proceso de inversión que, de acuerdo con las cifras entregadas por la Oficina de Planeación y Desarrollo Institucional, supera los 150 mil millones de pesos.
Así lo explicó el doctor Gustavo Rincón, director de la Oficina de Planeación y Desarrollo Institucional, durante una entrevista en la que repasó algunos de los principales proyectos de infraestructura desarrollados durante el periodo rectoral de Omar Mejía Patiño, entre 2016 y 2026.
“En estos 10 años calculábamos, a precios de hoy, a precios constantes, a precios de 2026, más de 150 mil millones de pesos en inversiones de toda la infraestructura que se ha reconstruido o que se ha invertido en la Universidad del Tolima”, señaló Rincón.
La cifra adquiere una dimensión particular cuando se observa el conjunto de obras que hoy hacen parte del campus y de otros escenarios institucionales. La Prestadora de Servicios de Salud, el Jardín Botánico, el Bloque de Aulas 03, el acceso principal y el bulevar universitario, el Hospital Veterinario, el Ágora Universitario, las zonas de estudio y diferentes intervenciones en escenarios deportivos y de servicios son parte de una apuesta que, más allá de levantar edificaciones, busca modificar las condiciones en las que estudiantes, docentes, personal administrativo y visitantes viven la Universidad.

Según el consolidado de inversiones, entre las obras y proyectos se registran $2.196 millones para la Prestadora de Servicios de Salud; $3.708,5 millones para la entrada principal y el bulevar universitario; $1.600 millones para el Jardín Botánico; y $8.010 millones para el Edificio de Aulas Bloque 03, uno de los espacios que Rincón identifica como referentes de la modernización física del campus.
En el caso del Bloque 03, la transformación estuvo acompañada por una estrategia de financiación que combinó diferentes fuentes. “Han sido una combinación de recursos propios, recursos de regalías, recursos de la propia estampilla ProUT, que es dedicada a infraestructura física, y otros recursos como los planes de fomento a la calidad”, explicó el director de Planeación.
Espacios que dignifican la vida universitaria
Una de las características que atraviesa el relato de estos diez años es la idea de que la infraestructura no constituye un fin en sí mismo, sino una herramienta para mejorar la experiencia universitaria.
Rincón destaca, por ejemplo, la transformación de la Prestadora de Servicios de Salud, que pasó de funcionar en una antigua edificación a contar con un edificio confortable y con características bioclimáticas. Allí se concentran servicios médicos, odontológicos y psicológicos, además de nuevos espacios para la atención de la comunidad universitaria.
Algo similar ocurre con los laboratorios. La Universidad ha intervenido espacios de docencia, investigación y prestación de servicios, sumando no solo mejoras físicas sino también inversiones en infraestructura tecnológica y equipos. “Se han hecho inversiones importantes que permiten dignificar la labor de nuestros investigadores, investigadoras y estudiantes”, afirmó Rincón.

El Jardín Botánico es otro de los proyectos destacados. La obra permitió mejorar las condiciones para el herbario y la investigación en botánica, pero también incorporar un auditorio y espacios destinados a la divulgación científica. La inversión registrada para este proyecto asciende a $1.600 millones.
La modernización también se expresa en la llegada al campus. Para Rincón, el nuevo acceso y el bulevar representan uno de los hitos de esta transformación: un espacio pensado para priorizar al peatón, incorporar criterios de inclusión y articularse con el Parque Ducuara, los escenarios deportivos y los espacios culturales.
Más de $20 mil millones en infraestructura durante 2026
El cierre del periodo rectoral no significa detener la inversión. Por el contrario, 2026 concentra más de $20 mil millones en proyectos de infraestructura, de acuerdo con la información entregada por la Oficina de Planeación y Desarrollo Institucional.
En el consolidado aparecen proyectos como el cerramiento institucional, el Ágora-Talleres, la recuperación de la cancha de fútbol, nuevos módulos de estudio, el tótem, el área de virtualidad y la ampliación de la red de alumbrado en el sector del restaurante universitario.
Entre las cifras registradas se encuentran $11.629 millones para el proyecto Ágora-Talleres, $709,9 millones para el cerramiento, $1.354,9 millones para la cancha de fútbol, $169,5 millones para los módulos de estudio y $273,2 millones para la red de alumbrado del sector del restaurante.

Son intervenciones que buscan responder a necesidades concretas de la comunidad. Los módulos de estudio, por ejemplo, están concebidos como lugares de encuentro, conectividad y trabajo académico para estudiantes que permanecen buena parte de su jornada en el campus.
El restaurante universitario también se ha convertido en un escenario clave dentro de esta transformación. Actualmente atiende diariamente a más de 3.000 estudiantes, una demanda que ha llevado a pensar en nuevos espacios alrededor de esta infraestructura.
A esto se suma una mirada de sostenibilidad. La Universidad cuenta con sistemas de paneles solares en la Granja Armero, el Hospital Veterinario, y en el campus Santa Helena: bloque 03, restaurante universitario y el sector de facultades ‘La María’, mientras se sigue proyectando su articulación con el sistema eléctrico institucional del campus. Para Rincón, esta transición energética hace parte de una visión que busca integrar infraestructura, bienestar y responsabilidad ambiental.
Obras que miran hacia el futuro
El balance también incluye proyectos que todavía están en construcción o que quedarán estructurados para las próximas administraciones. Entre ellos está el Ágora Universitario, concebido como un espacio para el encuentro, el diálogo, la cultura, el cineforo, las conferencias y la participación estudiantil.
“Ese es el objetivo del Ágora. No es una infraestructura per se, es lo que vamos a desarrollar allí. Son sitios de encuentro, cines, foros, conferencias”, explicó Rincón, quien destacó que el proyecto fue pensado a partir de ejercicios de diálogo con los estudiantes.
También se encuentra el futuro edificio de Bienestar Universitario, un proyecto que, de acuerdo con las estimaciones entregadas en la entrevista, tendría un costo aproximado de $25 mil millones, que podría llegar a cerca de $28 mil millones con dotación e interventoría. La iniciativa quedaría estructurada para que la siguiente administración gestione los recursos necesarios para su construcción.
Una nueva apuesta: la descentralización
A esta hoja de ruta se suma la expansión regional. La Sede Sur, en Chaparral, avanza con financiación del Gobierno Nacional y ejecución a través de Findeter, mientras la Sede Norte, proyectada para San Sebastián de Mariquita, cuenta con un compromiso de vigencias futuras que deberá ser retomado para avanzar hacia su construcción. La Universidad había informado previamente que la Sede Sur tendría una inversión de $36.630 millones, con un plazo de ejecución de 15 meses, y que ya está en marcha.
La apuesta, según Rincón, es que estas no sean simplemente edificaciones con aulas, sino verdaderos espacios universitarios: con laboratorios, bibliotecas, escenarios deportivos y de bienestar, capaces de responder a las dinámicas de sus regiones.

Un legado que se construye
Entre todas las obras mencionadas, el Hospital Veterinario ocupa un lugar especial. La infraestructura, que durante años estuvo detenida y llegó a ser considerada un “elefante blanco”, pudo ser recuperada mediante una gestión administrativa y jurídica que permitió ponerla al servicio de la comunidad. Hoy funciona como escenario de formación para estudiantes y como espacio de atención de animales pequeños, medianos, grandes y especies silvestres, en articulación con Cortolima.
Para el director de Planeación y Desarrollo Institucional, este proyecto hace parte de los grandes legados de infraestructura de la última década. Y esa idea de legado atraviesa buena parte de su balance: obras que responden a necesidades presentes, pero que también pretenden permanecer como soporte para las futuras generaciones.
“Son proyectos que impactan directamente en la comunidad”, sostuvo Rincón al referirse a las intervenciones que actualmente se desarrollan en el campus.

En este sentido, la infraestructura aparece como uno de los capítulos visibles de una transformación más amplia de la Universidad del Tolima durante el periodo 2016-2026. No se trata únicamente de cuánto se invirtió, sino de qué espacios se construyeron, recuperaron o proyectaron y para quiénes fueron pensados.
El balance entregado por la Oficina de Planeación y Desarrollo Institucional deja así una Universidad con nuevos escenarios para aprender, investigar, encontrarse, hacer deporte, acceder a servicios, desarrollar proyectos científicos y vivir la vida universitaria. Una infraestructura que, en palabras de Rincón, busca “dignificar” los espacios de estudiantes, docentes y trabajadores/as y que, al mismo tiempo, deja planteados nuevos retos para la Universidad que continuará su camino después de 2026.
Redacción e imágenes: Comunicaciones UT y Radio Universidad del Tolima.








