Tabla de contenidos
Arlovich Correa Manchola presenta su primera novela, una historia que transita entre el amor de Aldemar y Lucy, la geografía del sur colombiano y las memorias de una generación marcada por la violencia política de los años ochenta y noventa.
Hay novelas que cuentan una historia y hay otras que parecen abrir una puerta hacia un tiempo que todavía permanece en la memoria. Las sombras de la aurora, primera novela del profesor de la Universidad del Tolima Arlovich Correa Manchola, se mueve precisamente en ese territorio: comienza como una historia de amor entre Aldemar y Lucy, pero poco a poco va incorporando calles, montañas, ríos, canciones, universidades, luchas estudiantiles y nombres que pertenecen a la memoria reciente del país.
El propio autor reconoce que llegar al punto final fue un proceso largo. La novela, dice, comenzó como un sueño que durante años quiso convertir en escritura: “Era un sueño y yo quería escribir y escribir”. Después vino el trabajo de construir una historia en la que ficción y memoria pudieran convivir.
Y esa memoria aparece desde las primeras páginas. El lector acompaña a Aldemar y Lucy por Neiva e Ibagué, pero también por territorios rurales, ríos, montañas y caminos del sur del Tolima. El paisaje no funciona únicamente como escenario: hace parte de lo que los personajes son y de aquello que recuerdan.
Daniel Padilla Serrato, integrante del área de Literatura del Centro Cultural de la Universidad del Tolima, ha leído la novela y encuentra precisamente allí uno de sus elementos particulares: “Esta obra nos propone desde su título un vaivén o un tránsito entre dos estados de la oscuridad a la luz. Y en esa búsqueda, el paisaje, es decir, la naturaleza, la montaña, el río, la selva, el bosque, se convierten en personajes también de la narración. Así mismo, los espacios urbanos, con sus turbulencias y sus afanes, especialmente las ciudades de Neiva e Ibagué, que aparecen allí también enmarcando la historia de amor y de ausencia de los protagonistas de la obra. Pero también la atmósfera es creada por la música que acompaña las peripecias de sus protagonistas”.
Añadió también citando al personaje principal de la novela «mi historia se puede contar de muchas maneras. Salí temprano en busca de la paz y encontré la muerte. Salí con el sol. Caminé con esperanza el día hacia el abrigo definitivo de la noche. Salí de casa como Nevardo Fernández. Salí de la montaña como Aldemar García. Salí de la universidad como Tarcisio Medina. Salí de clases como Norma Patricia Galeano. Salí con la alegría en el alma de José Alberto Peñuela. Ninguno tuvo el milagro del retorno al final de la jornada».
Pero Las sombras de la aurora no se queda en la relación entre sus protagonistas. Mientras Aldemar y Lucy construyen su propia historia, alrededor aparecen acontecimientos y personajes vinculados con las violencias políticas de una época. La desaparición de Tarcisio Medina Charry y el asesinato de Norma Patricia Galeano entran en la narración y conectan la ficción con memorias que siguen siendo significativas para la historia universitaria y social de la región.
Ese cruce es deliberado. Arlovich explica que no quiso escribir una novela histórica convencional, sino reconstruir los acontecimientos y experiencias que hicieron parte de una generación. En el libro lo plantea de esta manera: “Lo que encontrarás en estas páginas será un fiel relato de la imaginación, porque así sucedieron los hechos. Y yo estaba ahí”.
Una historia que también se escucha
Hay otro elemento que acompaña la lectura: la música.
La novela tiene una playlist asociada a Aldemar y Lucy. Boleros y canciones de distintas épocas aparecen vinculados a momentos de la historia y ayudan a construir esa atmósfera en la que el amor y la muerte están permanentemente dialogando.
En conversación durante la presentación, Arlovich lo explica así: “Esta es una novela que tiene una playlist”, y relaciona esa selección musical con una de las tensiones centrales del libro: “la lucha entre el amor y la muerte, el Eros y el Tánatos”.
Incluso el título de la novela parece moverse en esa misma dirección: entre la oscuridad y la posibilidad de encontrar una luz. Daniel Padilla Serrato lo resume como “un vaivén o un tránsito entre dos estados de la oscuridad a la luz” y considera que la obra permite acercarse a la creación literaria desde la memoria y desde una sensibilidad que no deja de lado las preocupaciones sociales.
Y quizá ahí está una de las claves para acercarse al libro: el amor no funciona solamente como el centro de la historia, sino como una puerta para entrar en otros recuerdos. La relación de Aldemar y Lucy permite recorrer una época, unas ciudades y unas experiencias que pertenecen tanto a los personajes como a la generación que el autor recrea.
Miguel de León, encargado de la presentación de la novela, también encuentra en ella algo que va más allá del romance. En su lectura, “Las sombras de la aurora es más que un simple romance. El amor es, en el fondo, una disculpa para hablar de la sociedad, de la historia y de los compañeros que compartieron esos tiempos”.
Para Arlovich, además, publicar la novela significa cerrar un proceso personal que llevaba años abierto. Y esa sensación aparece incluso cuando habla de la escritura misma: “Realmente cuando le puse el punto, me costó mucho trabajo ponerlo y encontrar el cierre”.

La obra tendrá un nuevo espacio de conversación durante la Semana de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes de la Universidad del Tolima, donde Arlovich Correa Manchola presentará y conversará sobre Las sombras de la aurora el jueves 24 de septiembre, de 2:00 a 4:00 de la tarde. La actividad hace parte de la programación de esta semana académica, que se desarrolla del 21 al 25 de septiembre.
Posteriormente, la novela tendrá su presentación en el Festival Internacional del Libro del Tolima —FELIT 2026— el 1 de octubre a las 4:00 p.m.. La programación central se realizará del 29 de septiembre al 2 de octubre en el Centro de Convenciones Alfonso López Pumarejo de Ibagué.
Redacción Simón González
Imagen principal: suministrada








