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Rosa Parks en un autobús de Montgomery, 1956.
El 1 de diciembre de 1955, en un autobús de Montgomery, Alabama, una mujer permaneció sentada cuando se le ordenó levantarse. Minutos después, el vehículo se detuvo y la policía local fue llamada.
La mujer era Rosa Parks, tenía 42 años y acababa de terminar su jornada laboral. Horas después, sería acusada de violar las leyes de segregación racial que regían el transporte público en la ciudad.
En Montgomery las reglas eran claras e indiscutibles: los pasajeros negros debían levantarse si un blanco lo exigía. Eran las leyes Jim Crow, vigentes desde hacía más de medio siglo en el sur de Estados Unidos. Cuando el autobús comenzó a llenarse, el conductor James Blake le ordenó a ella y a otros pasajeros ceder sus asientos.

De izquierda a derecha: Claudette Colvin (15 años), Mary Louise Smith (18 años) y Aurelia Browder (en una imagen posterior). Tres pioneras que desafiaron la segregación en Montgomery antes del gesto de Rosa Parks.
No era la primera vez que ocurría algo así. Nueve meses antes, Claudette Colvin, una adolescente de 15 años, había sido arrestada por negarse a ceder su asiento en el mismo sistema de transporte. Antes y después de ella, otras mujeres negras —Aurelia Browder, Mary Louise Smith— también desobedecieron la orden. Incluso años antes, el caso de Irene Morgan había llegado hasta la Corte Suprema, sin lograr desmontar del todo la segregación en los autobuses del sur.
Rosa Parks no fue una mujer accidentalmente valiente. Ni su decisión un acto impulsivo. Sentada en la zona “coloured” de un autobús, en una tarde de invierno del sur estadounidense, actuó con la tranquilidad que nace de la convicción y con la certeza de quien sabía que no estaba sola.
En su autobiografía Rosa Parks: My Story, publicada en 1992, Rosa Parks se refirió directamente a esa idea:
«Siempre dicen que no me levanté del asiento porque estaba cansada, pero no es cierto. No, lo que estaba era cansada de ceder y ceder«.
El lunes siguiente al arresto de Rosa Parks, los autobuses de la matutina línea South Jackson de Montgomery —que normalmente estaban llenos de empleadas negras yendo a trabajar— se desplegaron sobre la ciudad como una concha vacía. Y así continuaron hasta un año después, cuando el 21 de diciembre de 1956 entró en vigor la sentencia Browder v. Gayle, ratificada por la Corte Suprema de Estados Unidos, que declaró inconstitucionales las leyes que exigían la segregación en los autobuses de Montgomery.
Setenta años después, cuando la ley vuelve a marcar quién puede quedarse y quién debe irse, el gesto de Rosa Parks sigue dejando una pregunta incómoda: ¿Qué hacemos cuando la legalidad choca con la dignidad?
Redacción por: Saray Moreno








