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Hay fotografías que se consiguen en segundos y otras que exigen horas de espera. En el avistamiento de aves, la paciencia es parte de la experiencia: observar, reconocer los movimientos, aprender a leer el entorno y esperar a que la naturaleza permita capturar ese instante que tanto se espera capturar. Para David Alfonso Bejarano Bonilla, conocido como ‘Truman’, esa experiencia ha sido también una forma de explorar el territorio y descubrir la diversidad de especies que habitan sus distintos paisajes.

De ese proceso nació Aves De Ibagué, una publicación que reúne más de 200 fotografías de fauna de la ciudad. El libro recoge parte del recorrido del autor, en el que confluyen tres de sus grandes intereses: la biología, el montañismo y la fotografía.

Más que una publicación especializada, su propósito es acercar las aves de la ciudad a todos los lectores con información accesible que permita reconocer las especies y comprender mejor los entornos donde viven. La apuesta es que las imágenes sean una puerta de entrada para descubrir una riqueza natural que no siempre resulta evidente en la vida cotidiana.

Ibagué, territorio de aves

La diversidad de aves que puede encontrarse en Ibagué está relacionada con la variedad de ambientes de su territorio. El gradiente altitudinal, que va desde zonas bajas hasta las alturas del Nevado del Tolima, permite encontrar ecosistemas con condiciones distintas y, por tanto, especies con diferentes características y necesidades.

Según explica Bejarano, en Ibagué se pueden registrar 17 especies de aves endémicas de Colombia, es decir, que no se encuentran de manera natural en ningún otro país. A estas se suman 87 subespecies endémicas que, de acuerdo con los datos que menciona el autor, también pueden observarse en el territorio.

La distinción es importante: estas aves no son necesariamente exclusivas de Ibagué, pero su presencia conecta a la ciudad con la riqueza biológica del país. Identificarlas permite reconocer que la biodiversidad local no se limita a los paisajes más conocidos y que incluso los espacios cercanos a las zonas urbanas pueden ofrecer oportunidades para observar fauna silvestre.

El libro incluye capítulos dedicados a las especies endémicas y amenazadas, además de un índice que permite identificar las aves registradas en Ibagué mediante categorías relacionadas con su distribución, estado de conservación y comportamiento migratorio.

El arte de la paciencia

Conseguir las imágenes que componen Aves de Ibagué ha sido un proceso que combina conocimiento, paciencia y observación. Para fotografiar aves no basta con encontrar un ejemplar: también hay que comprender sus hábitos, reconocer los ambientes que frecuenta y esperar el momento adecuado para capturar sus movimientos.

“He estado varios años y en varios sitios para poder lograrlas; hay algunas fotografías que tuve horas sentado esperando a que llegue la especie o que llegue el momento ideal, porque la fotografía es eso, es el momento, estar en el sitio en el momento indicado”. Esa experiencia atraviesa las fotografías del libro y refleja una forma de acercarse al territorio. Cada imagen es una oportunidad para detenerse en detalles que pueden pasar desapercibidos durante la rutina, desde los colores de un ave hasta la relación que establece con su entorno.

La intención de Bejarano es que esa mirada no se quede únicamente en el interés por las fotografías. Conocer las especies también puede despertar preguntas sobre las condiciones que necesitan para sobrevivir y sobre las transformaciones que afectan los lugares donde habitan.

De las montañas a los cultivos de arroz

La observación de aves en Ibagué no tiene que limitarse a las zonas montañosas. Durante la conversación, Bejarano mencionó que los arrozales de la meseta de Ibagué también podrían explorarse como escenarios para el avistamiento, pues la presencia de aves puede variar según las etapas del cultivo. La idea abre una posibilidad para ampliar las experiencias de observación de fauna en el territorio y conectar la actividad agrícola con el reconocimiento de la biodiversidad. Sin embargo, se trata de una oportunidad por explorar, no de una ruta de aviturismo consolidada.

El autor también destacó el potencial de lugares como Ukuku, en el entorno de Ibagué, donde, según los registros que mencionó, se han observado cientos de especies en un área relativamente pequeña. Estos espacios muestran cómo la observación de aves puede acercar a las personas a la naturaleza sin que necesariamente deban emprender largos desplazamientos.

Conocer las aves para protegerlas

La riqueza natural también enfrenta amenazas. Bejarano se refirió a la expansión de la frontera agrícola y ganadera y al uso de agroquímicos entre los factores que pueden afectar los ecosistemas y las especies que dependen de ellos.

Frente a ese panorama, plantea la importancia de encontrar formas de producción compatibles con la conservación. Entre las alternativas que menciona está la creación de corredores ecológicos que conecten predios y ecosistemas en diferentes alturas, además de fortalecer las áreas destinadas a la protección ambiental.

En ese sentido, Aves de Ibagué busca que las fotografías sean un punto de partida para reconocer el valor del territorio. Observar una especie, aprender su nombre y comprender dónde vive puede convertirse en el primer paso para interesarse por su conservación.

Redacción: Esteban Barreto

Fotografía: Radio Universidad Del Tolima