Tabla de contenidos

Tiple, requinto y guitarras distorsionadas. La banda de rock campesino del Tolima toca el domingo 25 de octubre, a las 4:15 p.m., en el Patio de Banderas, y a principios de noviembre sale de gira por Brasil.

Redacción por Saray Moreno

Imagen suministrada


En un festival de rock lo normal es el pogo. En los toques del Trío de las 3N, cuenta Joao Molina, pasa otra cosa: «lo que hace es bailarla al ritmo de carranga», con la pareja agarrada y de forma más tradicional. Pogo, muy poco. Ese es el público que esperan el domingo 25 de octubre en el Ibagué Ciudad Rock.

Una recocha que ya lleva diez años

La idea fue de Carlos Alberto Hewitt, fundador, guitarrista y encargado de los «alaridos», que desde joven quería «dañar la música colombiana» con guitarras distorsionadas y baterías. Cuando se lo contó a los demás, dijeron: «¿por qué no?». Empezó «como una recocha, como un proyecto de grado» y ya lleva diez años. El nombre dice trío, pero hoy suben cuatro integrantes y un percusionista que los acompaña.

Primero la tradición, después el ruido

Su método es sencillo: componen música netamente tradicional, ya sea un pasillo, un bambuco, un merengue campesino o una cumbia, con guitarras acústicas, tiple, requinto, huacharaca, cajón y bongó. Cuando la canción está lista, empiezan a probar: una guitarra con distorsión por aquí, la batería «atravesada» por allá. La cereza del postre, dice Joao, es la voz de Carlos Alberto, «que termina de dañar todo». La regla es: «tratamos de siempre mantener la identidad de la música como tal. Ya después es que se nos da por dañarla».

¿Qué le da el rock a la carranga?

Joao cuenta que hoy hay pocos jóvenes interesados en la carranga y en la música tradicional colombiana, y por eso quieren «traer un poco más al presente» esa música con ritmos contemporáneos. Del otro lado, el rock le da instrumentistas: en concursos de música tradicional se ha cruzado con guitarristas «muy ásperos» que resultan ser metaleros, de los que escuchan a Yngwie Malmsteen y a Joe Satriani. «Yo no sabía que un pasillo pudiera sonar con semejante solo de guitarra», cuenta.

De Ibagué a Cuba, y de ahí a Brasil

Según su ficha, en 2025 giraron por Cuba y grabaron en estudios fundados por Silvio Rodríguez. Allá nadie había oído algo parecido, y les gustó. Fue «llegar y desordenarle la música que ya ellos tienen», dice Joao, y en un país donde es difícil escuchar música ajena, hay un bar, El Submarino Amarillo, que pone sus canciones. Ahora van por más: a principios de noviembre viajan a Brasil, una gira de 14 fechas, la segunda vez que salen del país, y están cuadrando otra gira que podría sumar dos países más.

Y cuando alguien no entiende la mezcla, no pasa nada: «tenemos la característica de siempre hacer lo que nos da la gana». Si un día quieren tocar carranga en un escenario de rock, «nos trepamos en modo carranga y lo hacemos».

Quiénes son

Además de Carlos Alberto en la guitarra, están Estefanía Zuluaga en las percusiones y los coros, John Urrea en la guitarra eléctrica («con la cabeza tan llena de música» que le dan libertad total) y el propio Joao. Los acompaña Iván Vargas, «tamborero Vargas», en la percusión menor, la tambora y la huacharaca, quien les da el toque campesino en vivo. Preguntado por quién se equivoca más en los ensayos, quién es el más intenso y quién pone la calma, Joao respondió tres veces lo mismo: «yo». Para él, el rock es una forma de vida desde hace unos 20 años.

Los esperan el domingo 25, entre Síndrome de París y Bonde do Dub, unos días antes de que se vayan a Brasil.