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¿Qué hace que una escalera deje de ser solamente una escalera y se convierta en patrimonio? La pregunta parece extraña hasta que aparece un caso como el de Altos de Santana, el conjunto residencial diseñado por Rogelio Salmona en Bogotá, donde la demolición de una escalera original dentro de uno de los apartamentos terminó provocando una discusión sobre arquitectura, propiedad privada y conservación.
El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, IDPC, confirmó que inició actuaciones administrativas por una intervención realizada sin autorización. Altos de Santana es Bien de Interés Cultural desde 2010 y cuenta con nivel de intervención 2, correspondiente a conservación tipológica. La protección incluye circulaciones, espacios, fachadas, volumetría y escaleras, tanto en zonas comunes como al interior de los apartamentos. (IDPC)
Pero para entender por qué una escalera puede generar semejante controversia hay que mirar el problema desde la arquitectura. Y ahí aparece la voz del arquitecto, profeosr e historiador Andrés Francel.
¿Qué estamos protegiendo cuando protegemos una obra?
Para Francel, la idea de patrimonio está relacionada con aquellas obras que una sociedad considera importantes para comprender su propia historia y su identidad.
“Dentro del ámbito mundial tenemos el propósito de proteger las obras que generan identidad, que nos permiten explorar lo que somos y, sobre todo, aquellas obras que han alcanzado un grado muy elevado de desarrollo artístico como manifestación del pensamiento y del desarrollo humano”, explica.
En ese contexto ubica la obra de Rogelio Salmona, uno de los arquitectos colombianos más reconocidos internacionalmente.
“Cuando hablamos de un monumento, que era el término tradicional, estamos atendiendo al concepto de que es algo muy valioso para nuestra historia y, como es muy valioso, debemos protegerlo”.
La protección, entonces, no significa necesariamente que un edificio tenga que permanecer intocable. Significa conocer primero qué puede modificarse y qué elementos hacen parte de su valor.
¿Entonces un inmueble patrimonial sí se puede intervenir?
Sí. Y este es uno de los matices que Francel considera fundamental.
“En algunos casos hay una prohibición total de cualquier intervención. En otros casos puede haber cierto tipo de intervenciones”, explica.
El procedimiento, señala, consiste en acudir previamente a la autoridad de patrimonio para determinar qué modificaciones son posibles.
“El patrimonio se puede intervenir. También depende del patrimonio”, afirma.
En otras palabras, vivir en un inmueble patrimonial no significa renunciar a cualquier transformación. Lo que cambia es la forma de tomar esas decisiones: antes de intervenir hay que establecer cuáles son las condiciones de protección del inmueble y qué elementos pueden ser modificados.
El IDPC sostiene precisamente que cualquier intervención sobre un Bien de Interés Cultural debe ser presentada previamente ante la entidad para determinar si afecta los valores patrimoniales que sustentaron su declaratoria. (IDPC)
¿Y qué tenía de especial aquella escalera?
Aquí aparece uno de los puntos más interesantes del análisis de Francel.
A simple vista, una escalera podría parecer un elemento funcional que simplemente permite conectar dos niveles. Pero en la arquitectura de Salmona, explica, los detalles están pensados como parte de un conjunto.
“Hay detalles en los que no nos fijamos cuando vemos la escalera. Uno dice: bueno, si esa es una escalera típica, no pasa nada. Pues no: una escalera diseñada por Salmona”.
Y comienza a explicar esos detalles: la manera en que cada peldaño se relacionaba con el muro, la forma de la mampostería y la baranda en ladrillo.
“Es decir, es un elemento pensado con integralidad”.
Por eso, para Francel, la discusión no se reduce a si la nueva escalera es más moderna, más luminosa o más funcional. Lo que está en juego es la relación entre cada componente y el diseño original.
“Cada uno de los detalles que hacía Salmona en sus construcciones son realmente unos fascinantes detalles de construcción”, sostiene.
¿Era necesario demolerla para poner iluminación LED?
La remodelación fue presentada, entre otros argumentos, desde la necesidad de mejorar las condiciones de iluminación y funcionalidad del apartamento. Pero Francel considera que esos objetivos podían haberse alcanzado sin eliminar la estructura original.
“Si el propósito era poner LED, pues no había necesidad de tumbar la escalera”.
Y agrega:
“Se le puede poner por cualquier lado y ya. Ponerle unas luces LED no afecta la integridad realmente de la estructura”.
Para él, el problema principal no está en querer adaptar el espacio a nuevas necesidades, sino en no haber consultado previamente a la autoridad encargada de proteger el inmueble.
“Quizás la diseñadora o el estudio de diseño hubiera podido hacer alguna intervención, pero siempre acompañada del Instituto Distrital de Patrimonio. Ese es realmente el gran pecado que se comete en eso”.
El problema no es solo esta escalera
Francel advierte que el caso de Altos de Santana hace visible una situación mucho más amplia: la dificultad que existe para reconocer el valor de los inmuebles patrimoniales que habitamos.
“En Ibagué sucedió. Bueno, sucede todo el tiempo. No tenemos bienes de interés cultural. Las personas van y los intervienen, pues dentro de una óptica de pensamiento”.
Para el arquitecto, parte del problema está en la falta de conocimiento sobre lo que significa habitar una construcción protegida.
“Creo que nos falta un poquito más de pedagogía al respecto”.
Y propone incluso cambiar la manera en que entendemos estos lugares:
“Muchas personas piensan: bueno, no, esa construcción está muy vieja, tumbemos esa vaina, cambiemos esa vaina. Pero la verdad es que nos falta de pronto capacitarnos un poco para sentir orgullo de vivir en un inmueble que es Bien de Interés Cultural”.
Su conclusión es contundente:
“Realmente lo que estamos hablando es habitar una obra maestra, habitar un monumento”.
¿Patrimonio contra modernidad?
Quizá ahí está el verdadero debate que deja el caso de Altos de Santana. No se trata simplemente de escoger entre una escalera antigua y una nueva, ni entre patrimonio y comodidad.
Se trata de entender qué puede cambiarse sin borrar aquello que hace particular a una obra.
Francel utiliza una comparación provocadora: intervenir una obra patrimonial para actualizarla podría ser como tomar la Mona Lisa y agregarle elementos porque están de moda.
“Nosotros podemos creer que eso es una maravilla porque la estamos actualizando, pero realmente lo que estamos cometiendo es un atentado frente a una obra que es muy valiosa para nuestra historia”.
Y ahí aparece una última idea que atraviesa toda su explicación: el patrimonio también busca proteger las obras de los cambios pasajeros.
“Algo que se busca con los bienes de interés cultural, con el patrimonio, es protegerlos de la moda”.
La escalera de Altos de Santana puede terminar siendo reconstruida o no, dependiendo de las decisiones que adopten las autoridades dentro del proceso correspondiente. Pero el caso ya dejó una pregunta mucho más grande sobre la mesa: cuando habitamos una obra patrimonial, ¿hasta dónde tenemos derecho a transformarla y en qué momento nuestra remodelación empieza a borrar la obra que recibimos?
Redacción Simón González
Imagen principal: suministrada








