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El investigador Jorge Mario Vera Rodríguez, de la Universidad del Tolima, analiza los escenarios climáticos del departamento y plantea la necesidad de fortalecer la prevención, la gestión del riesgo y la planificación territorial.
Redacción Simón González
Imagen principal: suministrada
El cambio climático plantea desafíos para los 47 municipios del Tolima. El aumento de la temperatura, las alteraciones en las lluvias y la presión sobre las fuentes hídricas pueden transformar los ecosistemas, las actividades agropecuarias y las condiciones de vida de las comunidades.
Así lo explicó Jorge Mario Vera Rodríguez, profesor investigador vinculado a la Facultad de Ingeniería Forestal de la Universidad del Tolima y al Grupo de Estudios Interdisciplinarios sobre el Territorio, durante su participación en el programa Hablemos de Ciencia, de Radio Universidad del Tolima 106.9 FM.
El investigador señaló que es importante distinguir entre cambio climático y variabilidad climática. El primero se refiere a las tendencias de largo plazo de variables como la temperatura y la precipitación; la segunda permite comprender sus fluctuaciones en periodos más cortos.
Según los escenarios climáticos que expuso durante la entrevista, el departamento podría experimentar aumentos importantes de temperatura y precipitación hacia finales de siglo. Vera advirtió que estas proyecciones dependen de los escenarios considerados y que sus efectos no serán iguales en todo el territorio.
¿Por qué podría llover más y, al mismo tiempo, aumentar el riesgo hídrico?
Una mayor cantidad de lluvia no significa necesariamente una mayor disponibilidad de agua durante todo el año. De acuerdo con Vera, las proyecciones apuntan a precipitaciones más intensas concentradas en periodos cortos, en lugar de una distribución homogénea durante los meses lluviosos.
Esta situación puede incrementar el riesgo de inundaciones en las zonas planas y de deslizamientos en las áreas de montaña. El investigador también relacionó estos efectos con el arrastre de sedimentos desde suelos expuestos por prácticas productivas, que terminan llegando a quebradas y ríos.
En el caso del río Magdalena, explicó que la acumulación de sedimentos reduce la profundidad de algunos sectores y puede agravar las inundaciones cuando se presentan aumentos súbitos de los caudales.
Vera también llamó la atención sobre la disponibilidad hídrica del departamento. Aunque el Tolima cuenta con una amplia red de quebradas y corrientes, esto no significa que todas tengan caudales suficientes para responder a las demandas de las poblaciones y de las actividades productivas.
Como ejemplo, mencionó el río Combeima y los retos que enfrenta el abastecimiento de agua en Ibagué. También advirtió sobre la importancia de evaluar la sostenibilidad de las fuentes y la exposición de la infraestructura ante amenazas naturales.
¿Qué relación tienen los incendios con el cambio climático?
El Tolima aparece entre los departamentos con mayor número de reportes de incendios de cobertura vegetal en el análisis presentado por Vera, quien afirmó que concentra cerca del 9,6 % de las emergencias de este tipo registradas en el periodo que estudió.
El investigador indicó que alrededor del 72 % de los incendios reportados se presentan durante la temporada seca de julio, agosto y septiembre. La disminución de la humedad en la vegetación, las altas temperaturas y la presencia de material vegetal combustible pueden favorecer la propagación del fuego.
Sin embargo, el clima no explica por sí solo todos los incendios. Vera señaló que las quemas asociadas a prácticas agrícolas constituyen un factor importante de riesgo, especialmente cuando las condiciones ambientales hacen más difícil mantener el fuego bajo control.
“Las posibilidades de controlar el uso del fuego en la agricultura son cada vez menores y es mejor concienciar acerca de la importancia de erradicar de manera definitiva este tipo de prácticas”.
El investigador también destacó la vulnerabilidad de ecosistemas como el bosque seco tropical del valle del Magdalena y los páramos, en particular sus frailejones y pajonales. La recuperación puede ser lenta y, en las zonas más afectadas, podría requerir procesos de restauración con especies nativas.
Además de atender las emergencias, Vera planteó la necesidad de prevenir cambios en el uso del suelo que impidan la recuperación de las coberturas naturales. La expansión inmobiliaria y las actividades productivas en áreas ambientalmente sensibles, señaló, pueden aumentar la presión sobre las fuentes de agua.
¿Cómo influyen la minería y los agronegocios en la vulnerabilidad del territorio?
La gestión del riesgo climático también requiere analizar las actividades económicas que demandan agua o pueden generar impactos sobre ecosistemas estratégicos. En la entrevista, Vera se refirió a la minería, los hidrocarburos y cultivos como la palma aceitera y el aguacate Hass.
El docente explicó que el Atlas de Problemas y Conflictos Ambientales del Tolima, un proyecto de investigación en el que participa desde hace catorce años, reúne información cartográfica sobre el patrimonio ambiental y las presiones que enfrenta el territorio. Entre sus contenidos están las áreas de protección, las coberturas boscosas, los acuíferos y las zonas con potencial extractivo.
Su preocupación, precisó, no consiste en señalar una actividad o empresa en particular, sino en promover una discusión informada sobre la relación entre el ordenamiento territorial, la producción y la disponibilidad futura de agua.
Como ejemplo, mencionó el crecimiento del cultivo de aguacate Hass en Cajamarca y su posible efecto sobre las cuencas de las que dependen otros usuarios del recurso hídrico. En su análisis, la demanda de agua de las actividades productivas debe evaluarse junto con las necesidades de las comunidades y de otros sectores agrícolas.
¿Qué municipios y ecosistemas requieren atención?
Aunque algunas zonas pueden experimentar aumentos más intensos de temperatura y otras mayores cambios en la precipitación, Vera insistió en que la emergencia climática debe abordarse en el conjunto del departamento.
Entre los territorios que mencionó están Honda, por el aumento proyectado de las temperaturas; Cajamarca, por las presiones sobre el agua en las cuencas relacionadas con el cultivo de aguacate; y Dolores y Villarrica, por los riesgos de incendios en zonas próximas al bosque de Galilea.
También recordó el caso de Natagaima, donde se han reportado incendios que afectan el bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados del país. Estas situaciones, afirmó, muestran la importancia de combinar la información climática con el conocimiento de las características ambientales y sociales de cada municipio.
¿Qué debería cambiar en la gestión del riesgo?
Para Vera, la prevención debe ir más allá de responder cuando ya se ha producido una emergencia. Una de sus propuestas es fortalecer las capacidades de las comunidades que suelen ser las primeras en enfrentar incendios y otros eventos, mediante capacitación y dotación de herramientas adecuadas.
También planteó la importancia de evaluar la vulnerabilidad de las edificaciones ante amenazas sísmicas, fortalecer los cuerpos de bomberos y articular a las instituciones para priorizar las zonas de mayor riesgo.
En materia de incendios, propuso que las juntas de acción comunal de las veredas cuenten con herramientas y formación para apoyar las labores de prevención, siempre con medidas de seguridad apropiadas. A largo plazo, considera indispensable transformar las prácticas agrícolas que recurren al fuego como preparación para la siembra.
¿Cómo puede ayudar la cartografía a anticipar los riesgos?
Los sistemas de información geográfica, la cartografía y las herramientas de análisis de datos permiten identificar patrones y reconocer las zonas donde se acumulan amenazas ambientales. Para el investigador, estos recursos ayudan a orientar los recursos disponibles hacia las áreas prioritarias.
El Atlas de Problemas y Conflictos Ambientales del Tolima busca reunir información útil para que comunidades, estudiantes, investigadores e instituciones comprendan mejor las condiciones del territorio. Vera explicó que se prepara un módulo sobre incendios que permitirá superponer capas de información y reconocer patrones espaciales.
El propósito es que las decisiones sobre protección ambiental, actividades productivas y planificación territorial se tomen con información suficiente y con una visión de conjunto.
En ese sentido, el investigador resumió el alcance del desafío con una advertencia: “El impacto va a ser en todos los cuarenta y siete municipios del departamento del Tolima”.
La conversación en Hablemos de Ciencia deja planteada una tarea central: fortalecer la prevención, proteger las fuentes hídricas y los ecosistemas estratégicos, y utilizar el conocimiento científico y local para construir territorios más resilientes frente al cambio climático.









