En el Día Mundial de la Fotografía, Radio Universidad del Tolima conversó con el fotógrafo ibaguereño Diego Vargas, quien pasó de trabajar en distintos oficios y acercarse al mundo de la comunicación casi por casualidad, a encontrar en la fotografía una forma de observar, documentar y comprender el territorio y las personas que lo habitan.

Una cámara llegó a las manos de Diego Vargas casi por accidente.

Hasta entonces había hecho un poco de todo. Había trabajado en diferentes oficios y su acercamiento a la comunicación y al marketing llegó mientras trabajaba en una empresa y tuvo la oportunidad de encargarse de redes sociales. La fotografía todavía no aparecía como un proyecto de vida.

Hasta que apareció aquella cámara.

Después vino un taller para principiantes, algunos videos en internet y una primera oportunidad profesional. Una entidad necesitaba un cubrimiento fotográfico y el presupuesto le permitió comprar una cámara modesta. Diego se preparó durante aquella semana y salió a hacer el trabajo.

El resultado gustó.

Pero lo importante ocurrió detrás de la entrega: él descubrió que había encontrado algo que llevaba tiempo buscando.

“Creo que la fotografía era como esa ficha que hacía parte de mi vida como para sentirme que hago parte del mundo y que puedo aportar algo. Y ahí lo sentí, básicamente ahí lo sentí”.

Desde entonces, la fotografía dejó de ser una herramienta para convertirse en una obsesión. Así la llama él mismo.

Y esa obsesión lo ha llevado por escenarios muy distintos: festivales culturales, acontecimientos deportivos, espacios institucionales, territorios afectados por emergencias y encuentros con comunidades. Ha fotografiado el Festival Folclórico Colombiano, Ibagué Ciudad Rock, DisonArte, el Carnaval de Barranquilla y partidos del Deportes Tolima, entre muchos otros escenarios.

Pero Diego no se reconoce dentro de una única manera de hacer fotografía.

Para él, la cámara es un lenguaje que puede moverse entre territorios y situaciones diferentes.

“Creo que la fotografía es un lenguaje universal. Es transversal a la vida y es un acto intelectual y creativo”.

Fotografía original – Diego Vargas

Fotografiar también es aprender a mirar

Quizás la transformación más profunda no ocurrió en su trabajo, sino en su manera de relacionarse con el mundo.

Diego cuenta que la fotografía lo volvió más observador. Incluso cambió su manera de acercarse a las situaciones desde la comunicación y el periodismo: antes de hacer una fotografía intenta desprenderse de sus propios prejuicios para escuchar y comprender a quien está frente a su cámara.

“Trato de despegarme un poco de lo que yo soy, siento y creo y trato de escuchar al otro”.

Esa mirada también lo llevó a convertirse en un estudiante permanente.

Puede detener una película varias veces para observar cómo está construida la luz, cómo los elementos forman una composición o de qué manera una escena consigue transmitir algo.

Y aunque su formación fotográfica ha sido principalmente autodidacta, no entiende el aprendizaje como algo terminado.

“Aún sigo siendo estudiante y creo que lo seré de manera permanente”.

Para él, aprender fotografía no consiste únicamente en dominar una cámara. El equipo es apenas la herramienta. La verdadera formación ocurre leyendo, viendo cine, conociendo el trabajo de otros fotógrafos y construyendo lentamente una mirada propia.

“La fotografía uno lo hace desde la mirada, desde lo que lee, desde lo que vive, desde lo que siente”.

Fotografía original – Diego Vargas

Un archivo para no olvidar

Esa forma de mirar también explica por qué Diego ha decidido fotografiar situaciones que no necesariamente terminan publicadas.

Hace pocos días estuvo en San Luis, Tolima, realizando de manera autónoma un cubrimiento durante uno de los momentos críticos de los incendios forestales. No todo ese material fue publicado.

Su intención es otra: construir memoria.

Guardar imágenes que puedan servir posteriormente para contar lo que ocurrió en el territorio.

La fotografía, en ese sentido, se convierte para Diego en una forma de archivo histórico. Pero también en una responsabilidad: documentar sin revictimizar.

Su sensibilidad viene, dice, de las historias de otras personas, de lo que lee, del cine, de las alegrías y los dolores del país.

Y también de algo profundamente tolimense.

Los festivales.

En ellos encuentra una especie de ADN cultural que quiere conservar a través de sus imágenes: aquello que identifica a una región y que, muchas veces, solo puede comprenderse cuando se está allí.

“Eso me gusta capturarlo en diferentes regiones”.

Fotografía original – Diego Vargas

Las fotografías que se quedan para siempre

Cuando durante la entrevista le pedimos escoger cinco fotografías importantes de su trayectoria, Diego comenzó por aquellas que le dieron reconocimiento profesional, pero terminó llegando a lugares mucho más íntimos.

Está una fotografía de un atleta durante un Panamericano de Atletismo que para él significó comprobar que había avanzado como fotógrafo.

Está su archivo del Festival Folclórico, especialmente una imagen tomada desde el reflejo de un charco, donde la celebración aparece de una manera poco convencional.

Está también su experiencia en Suárez, Cauca, durante el Petronio Álvarez, donde pudo acercarse a la agrupación ancestral Auroras del Amanecer y conocer otras tradiciones y realidades.

Pero las dos fotografías más importantes están fuera de cualquier concurso.

Una es el nacimiento de su hija Macarena. Diego tiene tres hijos, pero no pudo fotografiar los nacimientos de los dos mayores. La imagen de Macarena sobre el pecho de su madre se convirtió en una fotografía profundamente íntima para él.

La otra nació en circunstancias mucho más dolorosas.

Diego recuerda a un amigo al que consideraba como un hermano. Durante una celebración familiar hizo una fotografía de él junto a su madre.

Dos años después, su amigo murió.

Aquella imagen, que en principio parecía una fotografía más de una celebración, adquirió un significado completamente distinto.

Era la sonrisa de su amigo junto a su mamá.

Y Diego entendió entonces algo que cambiaría para siempre su relación con la cámara:

hay momentos que solamente podemos volver a visitar gracias a una fotografía.

“Ahí entendí el poder de la fotografía para guardar esos momentos que no van a volver, que no van a volver”.

Fotografía original – Diego Vargas

Una cámara para encontrar su lugar

Este 19 de agosto, mientras el mundo conmemora el Día Mundial de la Fotografía, la historia de Diego Vargas permite mirar más allá de la técnica y de los equipos.

La fotografía, para él, comenzó con una cámara modesta, un trabajo que necesitaba un cubrimiento y una semana de aprendizaje acelerado.

Terminó convirtiéndose en una forma de vida.

Hoy desarrolla proyectos editoriales y prepara contenidos en los que busca contar las historias de los lugares que visita y aquello que encuentra frente a su cámara.

Y cuando le preguntamos qué significa para él hacer fotografía, su respuesta termina siendo casi una declaración de principios:

“La fotografía es un acto intelectual. No hay excusa para no hacerlo. Puede ser transversal a la vida y la fotografía es bellísima”.

 

Redacción Simón González
Imagen principal: suministrada